JailOfTransphobicHell

Aún no ha pasado la semana y aún pesan las enormes heridas dejadas por el abuso, si bien acuden a mi mente dañando mi inocencia los anteriores atentados contra mi persona.

1. Tras salir de “Siempre Natural” Plaza Diamante, el segundo semestre del año pasado un joven me arrojaría una bomba molotov a mis espaldas gritando “acéptate como eres” supongo que ignora que soy una chica transexual no un joto con poco amor hacia sí mismo. La verdad no me dio miedo el percance.

2. Tras otra vez en el SN dejar de laborar porque el gerente exagero un comentario contra el culpable pariente político de Raúl, cabe recordar que les gustaba hacerme sentir molesta sabiendo que me desagradan totalmente, por metiches y transfobicos. Un tipo me arrojaría una caguama vacía a mis pies. Solo provocó mi ira. Y el vidrio roto de un vecino.


3. Cuando me dirigí hacia el Churchs de la segunda rotonda un tipo me asaltó con una bofetada en la cara, la verdad no le conocía solamente me agredio, el estres del trabajo me hizo explotar en llanto, Elías el encargado se mostró molesto ante mi reacción de aguantar tanta transfobia.

   Entonces tras haber soportado todo el plan de Ignacio Ávila Aguilar y la corrupción en mejico por transfobia, mis ataques de ansiedad y estrés eran demasiado enormes para contener mis gritos, los cuales me llevaron hasta una especie de trampa de ignorantes en el vecindario.


   Me enviaron una patrulla con tres elementos de la PGJ llevándome a su departamento donde me encerrarían hasta la llegada de una señora de una organización la cual me sacaría solo ofreciéndome mentiras.

   En esa hora casi eterna, juraría me sentía encerrada en lo más parecido a un infierno, el olor a orina, el hedor a sudor de hombres alcoholicos, drogadictos u simples hacedores de delitos menores me causaba nauseas, me hacía pensar en cuanto tiempo, quien, y por qué razones ocultas estaba ahí, la verdad me sentía vejada por la actitud de los miembros de policía que me arrestaron, insultaron y al final respetaron.
    Las heridas sobre la superficie de mi piel aún se muestran y otras más se marcan demasiado aún tras varios días en mis muñecas las marcas de las esposas, en mis brazos la fuerza bruta, y en mi alma el dolor de la violencia por discriminacion. 

   Estar encerrada me pareció un suplicio y una mirada alejada de mi realidad y futuro, entonces comprendí poco a poco llegaría el final. 

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